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La Tierra Prometida

 

Fidel Carrillo vuelve a mirar Lima, esta vez no desde el pulso del registro documental, sino desde el territorio movedizo de la ficción. La Tierra Prometida explora el imaginario que los migrantes provincianos han construido sobre la capital incluso antes de llegar a ella: una ciudad soñada que se forja a partir de los medios de comunicación, relatos ajenos, canciones, cartas. Lima como promesa de ascenso, modernidad, salvación.

Esta ficción fundacional del progreso —instalada durante dos siglos en el imaginario de los migrantes provincianos— se activa como el núcleo de la muestra. Desde la primera gran ola de migraciones internas, entre 1850 y 1920; seguida por el traslado masivo a partir de 1940, y el desplazamiento forzado del conflicto armado interno a partir de 1980 al 2000, Lima se ha edificado sobre el tránsito. Hoy, en tiempos donde, ocho de cada diez personas que habitan Lima no nacieron en ella y que las migraciones internas continúan moldeando el rostro del Perú contemporáneo, esta exposición adquiere la fuerza de una gran crónica del pasado y el presente. 

Durante el tiempo de pandemia, Fidel redefine su lenguaje visual, reapropiandose de su archivo construido a lo largo de treinta años para trabajar con él de modo terapéutico y experimental: A través de fotomontajes y escenarios emblemáticos del recorrido migrante— la Plaza de Armas el Paseo Naval, Jirón Quilca, Villa El Salvador, Gamarra, el Centro Empresarial, la Costa Verde, piscinas populares, cementerios clandestinos o clubes sociales, — Carrillo crea un universo entre lo documental y lo onírico. El resultado es un ensayo crítico que nos habla no solo del fenómeno migratorio, sino del poder de la imagen para sostener deseos colectivos. Independientemente de su contenido original o del contexto donde fueron producidas, las fotografías siguen contando historias y construyendo memorias.

En el arte contemporáneo, el archivo respira: no solo se conserva, se activa —señala Hal Foster— exponiendo sus ficciones y fuerzas latentes (Foster 2004). Bajo este principio, Carrillo se apropia de sus propias imágenes: su vasto archivo funciona como memoria activa donde confluyen sus personajes retratados, los lugares que ha recorrido, su historia familiar, y sus símbolos urbanos. 

 

Más que una ciudad, el fotógrafo reconstruye una idea de Lima fraguada en el deseo, sostenida por la imagen, y habitada por la esperanza. Entre promesa y desengaño, Fidel Carrillo no busca revelar una verdad, sino mostrarnos una utopia visual que convierte a Lima en una fantasía posible.

(Mayu Mohanna, curadora)

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